Huérfanos de cultura

Lo que nos deja la muerte de Raffel Pages

Para todos aquellos inconformistas con el simplemente trabajar de peluquero, tomar este disonante camino supone la persecución de la mejora profesional e, irremediablemente, personal.

En el conocimiento compartido, la cultura es uno de los principales pilares para hacernos crecer, mejorar como individuos y por ende nuestra faceta laboral.

Como comentaba en una entrevista que le realizamos a eMe, la cultura es imprescindible, aunque sólo sea para no tener que reinventar la tortilla de patatas, o precisamente para hacerlo.

Al margen de la pérdida personal que ha supuesto la muerte de Raffel Pagès, quiero apuntar la gran merma, la catástrofe para el sector, que es la marcha del principal motor y catalizador de nuestra cultura.

Supone el naufragio de la mayoría de las iniciativas de peso en nuestro país, que hubieran al respecto.

Raffel Pagès tiene en su museo y colección, posiblemente, el mayor conjunto de libros sobre peluquería. 

Con ejemplares de los que tan solo existen ese ejemplar, u otro más, guardado en el sótano de algún otro museo.

Para los que habéis visto su recopilación, sabed que lo allí expuesto representa menos de un diez por ciento de las piezas de la colección.

Objetos del paleolítico con más de 20.000 años de antigüedad.

Del antiguo Egipto de más de 4.000 años.

Neceseres que pertenecieron a la mismísima María Antonieta, junto a facturas de su peluquero en el que se pueden ver los descuentos que le hacía.

Mechones de pelo certificados conforme pertenecían a Napoleón…

Elementos sobre los que Rafael conocía su historia, pero también curiosidades de sus adquisiciones, de sus protagonistas, de las malas lenguas de la época como las que decían que el peluquero de María Antonieta no sólo se ocupaba de  sus cabellos…

Un legado de esa envergadura requiere de una enorme dedicación y responsabilidad.

Consciente de ello, tenía contratada una persona exclusivamente dedicada al museo, que después de catalogar todas las piezas estaba ampliando las referencias históricas sobre ellas.

A Raffel la labor de mantenimiento y ampliación de su museo, le exigía cantidad de habilidades y recursos.

Conocer el fondo de su colección para no duplicar adquisiciones.

Mantener los contactos para ser avisado en cuanto se pusiera en circulación cualquier pieza interesante y, disponiendo del suficiente prestigio y poder económico, comprar e incluso pujar por los objetos.

Rafael esperaba como un niño con zapatos nuevos el próximo 2022 en el que iba a exponer una parte de su colección en el Louvre de París.

¡La peluquería protagonista en el Louvre, con la colección de un español!, decía Rafael.

¿Quién se dedicará a todo esto ahora?

¿Quién transmitirá ese tesoro cultural a la propia profesión, a la sociedad, alérgicos, parece, a cualquier esfuerzo intelectual?

No contento con esta labor, Raffel siempre estaba dispuesto a conversar, a hablar, a debatir con quién así lo deseara, enriqueciendo cualquier posible aspecto de la peluquería que se pudiera abordar de forma individual o colectivamente.

Su perfil de facebook era de los pocos con riqueza más allá de la mera técnica peluquera.

Ofrecía colaboración a cuantas iniciativas se le planteaban y que pudieran ser beneficiosas para el sector.

¿Quién o quienes impedirán que, falta de una mínima esperanza, nuestra maltratada cultura peluquera muera definitivamente huérfana de interés por parte de sus creaciones?

¿A quién verdaderamente le importará que este Raffel Pagès haya desaparecido?

Más allá de los mil y un homenajes que se merece, 

¿Qué haremos con el legado más importante que nos dejó que es su ejemplo?

 

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