Cultura, vitaminas para las soluciones

La cultura, una apuesta segura siempre

La coyuntura que se nos abre en el horizonte más inmediato, en el presente ya, es de cambio profundo.

A las crisis que ya teníamos en marcha (económica de la que todavía no hemos salido digan lo que digan, ecológica, valores sociales…), se ha agregado esta pandemia, que, aunque representa un punto más, resulta mucho más palpable en el día a día, por lo que le hemos otorgado mayor relevancia.

La peluquería como sector inmerso en la sociedad, no es ajena a todo ello y por ello se ve obligada a cambiar, a evolucionar.

El cómo ha de ser la peluquería del siguiente escalón, la siguiente evolución, es un debate por el que siempre hemos pasado de puntillas. Usamos cuatro muletillas, cuatro frases hechas y finalizamos el debate.

Pero estos tiempos que nos entran por la puerta, van a necesitar mucho más que cuatro frases, necesitará de todo el ingenio del que podamos hacer acopio y por ello como materia fundacional, la cultura en su más amplio espectro.

 

Las piezas de las que están hecha nuestra identidad

Tenemos una primera concepción de cultura como de algo único, rancio, elevado, inútil y superfluo a la vez, mezcla de rigidez e inamovilidad.

Pero la Cultura no deja de ser el conjunto de conocimientos y pautas de conducta de los múltiples grupos en los que nos podemos englobar, generando así, no una, sino un sinfín de culturas.

Podríamos, incluso, plantearnos que cada uno tenemos la nuestra propia, y llamarla, por ejemplo, identidad.

Culturizarse, formarse, ilustrase, van de la mano compartiendo la misma esencia, el mismo fin, despejar misterios descubriendo otros nuevos, en un proceso que llega al infinito, sin vislumbrar jamás final.

Es aprender, dejarse impregnar de conocimiento, vivir esa asimilación de sentimientos e inquietudes propias, narradas en ajenos formatos.

Es como ir añadiendo pequeñas piezas a tu ser, y de esta manera, ser, de forma más completa, más consiente.

Es transversalidad que nos hace crecer, nos hace evolucionar, cambia nuestro interior, nuestra persona, algo más rica, más plural, menos intransigente.

Así a medida que profundizamos en cualquier materia, aumentamos, nuestra propia cultura, nuestra propia identidad, agregando matices, perspectivas, inquietudes.

Es aprender de otras formas de pensar y de ser, de vivir, nuevas herramientas para medirte a ti y tu forma de actuar.

También es un tiempo de fijarte en ti, despreciando el ruido ensordecedor que, a tu alrededor, te reclama constantemente la atención de forma exclusiva, cristalizando un lapso que te regalas a ti mismo y al propio tiempo, dándote valor, dándole valor, paladeando como os merecéis el uno y el otro.

Pero la cultura tiene un componente que le hace impopular en nuestros tiempos de inmediatez y superficialidad en la comprensión, y es requerir compromiso de querer entender, de querer profundizar en forma y fondo del mensaje.

Peligroso útil perseguido por los amantes del inmovilismo, del dejar todo como antaño, de los involucionistas.

 

Todos somos parte de la cultura

Pero la cultura es también un ente que nos trasciende, que va más allá de nosotros mismos, caprichosamente contagiosa e inconscientemente moldeadora de nuestros actos.

Así pues, no es de extrañar, que sea la fuente de alimentación de otras mayores en volumen e influencia.

Aunque sea de forma infinitesimal, todos los que nos acercamos de una forma u otra al sector, contribuimos a los logros y miserias, al contenido de la cultura peluquera, esa que llamamos Peluquería y que se alimenta constantemente de cada uno de nosotros y nuestras acciones.

Hasta los clientes la transforman, al solicitar este o aquel servicio, este o ese precio.

Los enormes retos que nos plantean estos tiempos, la forma en que nos enfrentemos a ellos y las soluciones que podamos aplicar, deberán proveerse de cuantas diferentes fuentes de conocimiento podamos echar mano.

Como sector, la soluciones a los problemas que podamos tener y los que nuevos que aparezcan, no podrán abordarse únicamente con las soluciones y actuaciones que hasta ahora se hayan podido emplear.

Necesitamos arsenales de conocimiento, de formas de actuar, de comunicarse, de expresarse, tan transversales como seamos capaces de acopiar.

La forma de vitaminar, de hacer más eficaces las soluciones que podamos aplicar a los retos que nos asaltan, sean personales, de nuestro negocio, de nuestro sector, de nuestro país, de nuestro planeta, sea cual sea la dimensión, pasa por más cultura.

Conocimientos que expandan nuestras mentes y las abra a otras soluciones que emanen de aguas bebidas en las más plurales fuentes posibles…

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