Conviviendo conmigo mismo

 

Nil Monró fue el segundo enfermo diagnosticado por Covid-19 en Catalunya.

Es un chico de 22 años estudiante de Publicidad que ha pasado 24 días hospitalizado en aislamiento y felizmente se ha recuperado y ahora sigue confinado en casa.

Como él dice “estoy en casa, en mi entorno y con todas mis comodidades”.

Como nosotros Nil dice que “tenemos que armarnos de paciencia: no sabemos cuánto tiempo más estaremos así”.

Lo que sí sabemos es que tendremos que seguir conviviendo con nosotros mismos, con lo mejor y con lo peor.

En nuestro día a día habitual apenas teníamos tiempo para pensar en nosotros mismos, el trabajo, la familia, los amigos, la casa, las aficiones ocupaban la mayor parte de nuestro tiempo.

Ahora esta rutina se ha parado y nadie tiene un manual de instrucciones sobre como sentirse en un momento como este.

Pero sí tenemos esos pensamientos que se repiten sin cesar y que a veces hacen que no me aguante ni yo misma.

Si tengo que ser sincera he de deciros que estos días estoy descubriendo mi vulnerabilidad y como a muchos de vosotros, eso nos esta haciendo fuertes.

Ser fuerte no consiste en no llorar o no sentir preocupación sino aceptarlo y compartirlo con los que más quieres y en valorar lo que tienes cerca.

El optimismo nos ayudará a convivir con nosotros mismos pero, ¡atención!, el optimismo no consiste en decir que no pasa nada sino en luchar con uñas y dientes para salir adelante.

Para ello lo más importante es mantenerte ocupado y tener tus “parcelas”.

  • La parcela física: cuidar nuestro arreglo personal aunque estemos en casa, estar “cómodo” no es estar hecho un asco. Y siempre que puedas busca tu parcela de ejercicios: las nuevas tecnologías nos lo ponen muy fácil y no te corrigen como un entrenador.
  • La parcela de trabajo: si estás teletrabajando márcate una rutina y haz descansos para tomar tu café. No lo alargues, marca un principio y un final.
  • La parcela afectiva: si estás con tu familia en casa aprovecha los momentos de descanso para reconocer cuanto los quieres y si estás solo mantén el contacto diario con ellos. Saber que estás bien hace que su día sea más feliz.
  • La parcela social: aquí si que no te libras. Estamos hiperconectados en redes sociales, grupos de whatsapp e incluso hablamos más que antes.
  • La parcela íntima: cuantas pequeñas cosas podemos agradecer al cabo del día, cuántas sorpresas, cuántos “regalos” nos han hecho.

No hay excusas sino el miedo a no intentar ser la mejor versión de ti mismo.

 

(Ana Fernández, 26 marzo 2020)

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